Gestionar la comunicación: Recepcionaba y organizaba correos electrónicos, correspondencia y paquetería, canalizando eficientemente las necesidades a los respectivos profesionales, ya sea el notario, la abogada o la contadora.
Registrar la información clave: Llevaba un registro detallado de las visitas de los clientes, anotando sus motivos, preocupaciones y solicitudes de información o documentación, garantizando que nada se pasara por alto.
Mantener actualizada la documentación y seguimiento: Mantenía al día el seguimiento de las acciones posteriores a la recepción de correos electrónicos y visitas de clientes. Esto incluía el envío o recepción de información y documentación hacia o desde clientes y organismos.
Facilitar la apertura de expedientes: Colaboraba en la creación de expedientes, redactando notas, poderes y cartas documentos utilizando plantillas preestablecidas para garantizar la eficiencia y la precisión.
Preparar formularios y solicitudes: Confeccionaba formularios necesarios para realizar trámites en diversos organismos, agilizando así el proceso para los profesionales y sus clientes.
Administrar el seguimiento de expedientes: Realizaba un seguimiento minucioso de los expedientes, asegurando que se cumplieran los plazos y se tomaran las medidas necesarias.
Solicitar informes a organismos: Gestionaba solicitudes de informes digitales a organismos, asegurando que los profesionales tuvieran la información necesaria para sus casos.
Presupuestar y gestionar pagos: Realizaba presupuestos de servicios y cobraba honorarios, además de gestionar la caja chica. También se encargaba de pagar a profesionales externos y proveedores, manteniendo un control financiero eficiente.
Gestionar asuntos bancarios: Realizaba tanto gestiones bancarias en línea como presenciales, garantizando una administración financiera sin problemas.